Las rabietas, cómo prevenirlas y gestionarlas.

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¿Qué son las rabietas?

Las rabietas son una reacción de los niños ante alguna circunstancia que les genera frustración. Suelen presentarse con lloros intensos, pataleos, incapacidad para controlarse, etc.

Estos comportamientos pueden aparecen ante cualquier cosa que les genere frustración. El por qué concreto que ha disparado esa ira es indiferente. Lo importante es su incapacidad de gestionar la emoción.

Nuestra labor como padres o cuidadores es ayudarles a aprender a controlarse, a dominar su ira, a vencer esa rabia.

Las rabietas son algo bueno y necesario en el desarrollo normal de nuestros hijos. Todos deben pasarlas y son un indicador de que el pequeño se va haciendo autónomo e independiente.

¿Cuándo aparecen?

En La crianza feliz Rosa Jové nos explica que cuando un bebé nace, su tendencia natural es al apego, a estar junto a sus progenitores. Naturalmente llega un momento en que el bebé tiene que empezar a ser independiente. La forma que tienen de expresar esa independencia es negando lo que le digamos. Y de ese enfrentamiento surgen las primeras rabietas.

Portada del libro "La crianza feliz" de Rosa Jové.
La crianza feliz – Rosa Jové

Es normal que las rabietas aparezcan a partir de los 2 años y que cesen antes de los 5 años. Lo normal es que según nuestro hijo vaya madurando aprenda a controlarse y éstas desaparezcan.

No obstante, puede darse el caso de niños que mantienen una respuesta similar a la rabieta llegados los 10 años o incluso en la adolescencia. Lógicamente en estos casos la respuesta será acorde al grado de maduración. Pudiendo presentarse en forma de palabras soeces, portazos o puñetazos en la mesa y en las paredes.

De nuestra respuesta ante estas situaciones dependerá el número y la intensidad de rabietas que vayan a aparecer a lo largo del tiempo.

Los distintos tipos

Daniel J. Siegel nos describe en su libro, El cerebro del niño, los distintos «tipos» de cerebro. Siegel nos habla de que tenemos un cerebro superior, racional y lento y uno inferior, visceral y rápido.

Portada del libro, El cerebro del niño de Daniel J. Siegel.
El cerebro del niño – Daniel J. Siegel

En función de qué parte del cerebro sea la que está «tomando» el control de los actos de tu hijo podemos diferenciar dos tipos de rabietas.

Rabietas del cerebro superior o controlables

Este tipo de rabietas está asociada a comportamientos del niño en los que pretende conseguir algo. Utilizan la pataleta como un medio y mantienen el control en todo momento. Si cedemos a su petición la rabieta habrá terminado.

Un ejemplo típico de esta situación sería cuando vamos andando por la calle y al niño se le antoja cualquier cosa que vea en una tienda. Si no cedemos a su reclamación seguirá enrabietado, pero en cuanto cedamos, terminará el problema.

Este tipo de rabieta puede surgir como vía de llamar la atención, para conseguir algo o para evitar algo.

Rabietas del cerebro inferior o no controlables.

En este caso el niño es incapaz de controlarse. El cerebro inferior ha tomado el control y el niño entra en un estado de «colapso emocional». No puede tranquilizarse por sí solo.

Estas rabietas aparecen cuando el pequeño pierde el control de sus emociones. Por ejemplo, durante la ducha le cae agua sobre los ojos y arranca una pataleta tremenda. Puede ser que normalmente no tenga problema con el agua, pero en este momento explota y es incapaz de controlarse.

El origen de estas rabietas puede deberse al cansancio o a pura frustración. Es importante pararse a identificar este punto para poder actuar de la mejor forma posible.

Cómo prevenir las rabietas

Portada del libro Ni rabietas ni conflictos - Rosa Jové.
Ni rabietas ni conflictos – Rosa Jové

En Ni rabietas ni conflictos encontramos multitud de consejos para prevenir las rabietas. Entre ellos:

  • Observando mucho al niño, conociéndole en profundidad y aprendiendo cómo reacciona ante distintos estímulos. De este modo podremos adelantarnos a las rabietas.
  • Evitando poner a los niños en situaciones complicadas. Si mi hijo suele enrabietarse en el supermercado, puedo evitar ir con él, o al menos, no acercarnos a última hora cuando está más cansado y le será más complicado controlarse.
  • Creando nuestro propio horario de rutinas. De modo que el niño sepa de antemano qué es lo que va a suceder.
  • A través de la escucha reflexiva. Aprende a escuchar a tu hijo para saber cómo se siente.
  • Encuentra tiempos positivos tanto para tu hijo como para ti mismo. Disfrutar de ese tiempo en el que puedes hacer lo que quieres ayudará a estar más relajado y tranquilo. Si no llega a evitarla rabieta cuando menos hará más sencilla su solución.
  • paciente y flexible. Las rabietas son un problema pasajero, tener esto presente hará que tus reacciones sean más calmadas y ayudará a prevenir futuras rabietas.
  • Evita las expectativas cumplidas. No le repitas constantemente a tu hijo lo que esperas que no haga. Es posible que de tanto recordádselo acabe cumpliendo tu expectativa y comportándose justo como querías evitar que lo hiciese.
  • Buscar soluciones conjuntas. Aprovecha una rabieta para prepararos para la siguiente. Cuando el niño esté ya tranquilo podéis hablar sobre lo que ha sucedido. Invítalo a proponer sus propias soluciones. Cuando vuelva a aparecer el estímulo tu hijo dispondrá de herramientas que él mismo diseñó para sobrellevar esa situación

Puedes encontrar más claves para evitar y solucionar los conflictos con tus hijos en el libro de Isabelle Filliozat No más rabietas.

Portada del libro No más rabietas de Isabelle Filliozat.
No más rabietas – Isabelle Filliozat

Cómo manejar o solucionar las rabietas.

Hay dos escuelas bien diferenciadas en la forma correcta de resolver una rabieta. Una de ellas aboga por no reforzar al niño cuando se enrabieta dándole atención y por tanto propone prácticamente ignorarle. La otra propone transmitir mucha comprensión y estar al lado del niño.

En mi opinión podemos hacer uso de las dos, pero adaptándonos a las circunstancias. Lo primero a tener en cuenta es analizar el tipo de rabieta que está teniendo tu hijo. Seguramente querrás aplicar una técnica distinta si crees que él puede controlarse o no.

Desde la proximidad y el apego

Rosa nos propone hablar siempre con nuestro hijo siguiendo los tres pasos siguientes.

  1. Comprensión. Lo primero, siempre, transmitir a nuestro hijo nuestra compresión. Expresarle que somos conscientes de lo que le está sucediendo.
  2. Después pasamos a la Educación. Explicándole qué esperamos de él, qué debería hacer. Recuerda que la rabieta es un momento en el que el niño está aprendiendo a manejar sus sentimientos.
  3. Y por último la Elección. Seguro que quieres que tu hijo cuando sea adulto tome buenas decisiones. La mejor forma de aprenderlo es tomando decisiones. Nunca lo harán por si mismos si simplemente siguen tus órdenes. Busca soluciones con él o plantéale tú opciones y deja que sea él quien decida.

Como ves, esta aproximación propone siempre estar cerca del niño, reconocer sus sentimientos y aprovechar la ocasión para ayudarle a aprender a controlarlos.

En mi opinión es un método fantástico cuando el niño está totalmente fuera de control, cuando su cerebro inferior ha tomado el control.

Desde la distancia y la firmeza

Javier Urra nos propone en su libro, El pequeño dictador, ignorar las rabietas puntualmente, como una vía que puede ser positiva a largo plazo.

Portada del libro, El pequeño dictador de Javier Urra.
El pequeño dictador – Javier Urra

Por su parte, Ángel Peralbo, en su manual de autocontrol emocional, Educar sin ira, describe una actuación por parte de los padres de absoluta firmeza.

Portada del libro Educar sin ira de Ángel Peralbo.
Educar sin ira – Ángel Peralbo

¿Qué se debe hacer?

  • Dejarles manifestarse. Que el niño manifieste sus emociones sin interferir para que no consiga nuestra atención.
  • Continuar con nuestra tarea, sin inmutarnos. Que no note que su rabieta te contraría o te condiciona. Que la rabieta sólo le sirva para aprender a controlarse, no para extorsionarte.
  • Explicar a nuestro entorno la forma de actuar que estás siguiendo. De esta forma el niño percibirá que todo su entorno actúa del mismo modo.

¿Qué no se debe hacer?

  • Castigarle. Pues ello equivaldría a no dejarle expresar sus sentimientos. Su reacción es el reflejo de sus sentimientos en esos momentos.
  • Darle lo que quiere. Si lo haces, estarás enseñándole que esa respuesta es válida para lograr lo que quiere. De modo que reforzarás las rabietas y éstas se harán cada vez más habituales.
  • Tampoco debes ayudarle a calmarse. Estarías haciendo que te utilice para tranquilizarse y precisamente el objetivo es que aprenda a calmarse por sí solo.

Para mi esta es una aproximación valida en el caso de las rabietas en las que mi hijo mantiene el control. Seguro que también funciona en las de cerebro inferior, pero creo que en esos momentos es mejor para mi relación con mi hijo optar por la vía del apego.

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